La complejidad operativa vuelve a poner a la ingeniería de procesos en el centro

El inicio de 2026 ha estado marcado por una señal clara desde distintos análisis del sector minero: la complejidad operativa se consolidó como uno de los principales desafíos para la industria, incluso por sobre factores como inversión o crecimiento de capacidad.

Depósitos más complejos, mayor variabilidad mineralógica, leyes decrecientes y operaciones cada vez más exigidas han generado un escenario donde operar “como siempre” ya no es suficiente. En este contexto, los problemas no suelen estar en un solo equipo o etapa, sino en la interacción entre procesos, condiciones de operación y decisiones tomadas bajo incertidumbre.

Distintos reportes recientes coinciden en que esta complejidad está obligando a las operaciones a revisar sus flujos de proceso, supuestos de diseño y estrategias operacionales, con el objetivo de recuperar estabilidad, eficiencia y control. Más que grandes expansiones, el foco está puesto en entender mejor el comportamiento real de los circuitos y reducir las brechas entre lo diseñado y lo que efectivamente ocurre en operación.

Aquí es donde la ingeniería de procesos vuelve a tomar un rol central. En escenarios complejos, la optimización no pasa solo por aumentar capacidad, sino por reducir variabilidad, mejorar recuperación y tomar decisiones basadas en análisis técnico sólido. Evaluar alternativas de proceso, modelar escenarios y analizar el desempeño metalúrgico permite enfrentar la complejidad con herramientas concretas, en lugar de reaccionar a los síntomas.

Desde DGI Process, partimos este 2026 con el foco puesto en ese desafío: apoyar a las operaciones en la comprensión y optimización de procesos cada vez más complejos, tanto en Chile como en proyectos desarrollados en el extranjero. Estudios técnicos, análisis de procesabilidad y optimización operacional se vuelven claves para transformar complejidad en oportunidades de mejora.

La reflexión para este inicio de año es clara: la complejidad llegó para quedarse, y enfrentarla requiere más que ajustes puntuales. Requiere ingeniería de procesos aplicada, rigurosa y conectada con la realidad operacional.

Fuentes

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